El día que me llevaron a La Esquina

Discúlpenme. Sé que tardo en actualizar, pero es que hay que escribir cuando uno se siente dispuesto a ello, que para escribir memeces ya está twitter.

Hoy os traigo la historia de cuando mi querido amigo E me llevó a La Esquina. Y sé que lo de que ‘me llevó’ suena fatal -como si yo necesitara que me llevaran a algún sitio, JÁ-, pero es que así fue. Él no paraba de hablar de lo mucho que le gusta este sitio y al final le hice caso y dejé que ‘me llevara’.

Sucedió así, fue hace un par de semanas -y un mes también-, él reservó, me dijo que me arreglara y le dio al taxista la dirección. Llegamos a Kenmare y Lafayette, en SoHo. Y en la esquina -obvio- me encuentro con esto -véase foto-, lo que aparentemente es un deli cutre de comida mexicana.

Así que entramos y nos encontramos con un deli cutre de comida mexicana -no opino, sigo a mi buen amigo E-, hay una puerta con un segurata con pinganillo que saluda a mi amigo y nos abre la puerta, donde nos encontramos un pasillo estrecho y unas escaleras, bajamos, más escaleras, bajamos -empiezo a pensar que no vamos a cenar y que en realidad mi amigo me lleva a un sótano siniestro donde hacen peleas de gallos-. Llegamos a una salita, donde una señorita que saluda a mi amigo nos dirige hacia otro pasillo, que da a la cocina -no opino, confío en E, que es buena gente-, mi amigo saluda a los cocineros -mi amigo, además de buena gente, resulta que de repente conoce a todo Dios-, giramos a la izquierda, donde hay menos luz. Y ENTONCES LLEGAMOS. LLEGAMOS A LA ESQUINA.

Es un restaurante-bar con suelo, paredes y techo de madera, luz tenue y música molona.

Nos sentamos, llega el camarero -al que también conoce mi amigo- nos da la carta, según la agarro, mi amigo me la quita y me dice que va a pedir por mí -sigo confiando en él, después de todo, hasta ahora me ha ido bien-. Y, entonces, atentos queridos lectores que os relato lo que comí y bebí -recomendada por mi buen amigo, al que hay que hacerle caso, siempre-:

Manjares:

Queso fundido, con costra de azúcar y semillas de calabaza, que comes untando con tiras de plátano frito

Elote callejero -lo que los españoles incultos llamamos mazorcas de maíz, con queso y chile-

Taquitos de cochinita -cerdo, en castellano antiguo-

Quesadillas de huitlacoche -mi nivel de mejicano no está al nivel de explicar qué es exactamente, pero está de morirse-

Frijoles -de los de toda la vida-

DE POSTRE, -y si estás a dieta te jodes-:

Pastel de chocolate-cafe -aún sueño con ello-

Plaintain upside Down cake -almendra y helado, no diré más-

Torrejas brulee -que te cagas-

Cosas ricas de beber:

Mezcal con sangrita -sabe como el tequila, porque viene del agave, pero distinto, no sé, rico, rico-

Passion fruit margarita -algo parecido al agua de valencia, pero distinto, pedimos una jarra-

Y tienen como 120 tipos de tequila, que por obvias razones no probé.

Respecto al precio, no os voy a engañar, carete carete, pero nada exagerado ni al nivel de Bagatelle. Totally worth it.

Además, es un sitio de famoseo, por si eso os va. Mi amigo afirma haber visto a la diosa Beyoncé con su maridito Jay Z, a Calvin Klein y a un jugador de los Yankees.  Eso sí, sin reserva olvidaros. Reservad como mínimo con un mes de antelación si pretendéis tener mesa. Avisados quedáis.

Conclusión: Comimos muy bien, bebimos mejor. Gracias E.

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Un comentario en “El día que me llevaron a La Esquina

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